El baile de los que sobran

El baile de los que sobran

Carlos Soto

Carlos Soto-Presidente del SIFUP

El fútbol como espectáculo es capaz de mover gran cantidad de personas, auspicios y dinero. La mayoría de las veces estamos bajo la directa influencia del lado amable del fútbol, la danza de millones, los estadios llenos, los autos veloces y las bellas mujeres que acompaña a los jugadores.

Ahora, qué ocurre cuando el planeta fútbol deja de girar, cuando las competencias paran. Pensemos que lo que más nos muestran los medios de comunicación en un afán positivo y a veces positivista son las grandes competencias como Champions League, Europa League, Copa América Bicentenario.

Bajo el prisma de los grandes torneos, los refuerzos millonarios y los comerciales de productos que dejan mucho dinero a la cara amable y soñada del fútbol, nos olvidamos de los parias del deporte rey. Ponemos en un lugar oscuro de nuestra conciencia los residuos de un sistema que es maravilloso para algunos, pero cruel y desalmado para otros tantos. No los aburriré con versos que señalan que cada sistema por más perfecto, siempre, va crear un residuo. Por ejemplo, nuestra sociedad es un sistema que funciona bien, pero crea residuos. Los residuos del sistema capitalista son delincuentes, desempleados y personas no aptas para el trabajo. Los residuos según el filósofo francés Foucault tienen tres destinos simples: cárcel, psiquiátrico o una agonía social lenta.

En el fútbol ocurre lo mismo. Cada fin de torneo, cada cierre de libro de pases va dejando residuos. Esta vez son jugadores que no logran concretar un traspaso a un club. En está ocasión la cara la pone aquel jugador que fue desechado porqué su equipo subió de categoría y debe reforzarse. Los desheredados del fútbol marchan lentamente al desempleo. Muchos de los que defendieron con garras y dientes estandarte de instituciones deportivas, se olvidaron de que éstas son empresas. Dieron por sentado que entregándolo todo, jugando lesionados tendrían asegurado un cupo en la institución… La verdad es distinta.

Las preguntas que nadie se hace, las preguntas que el negocio evita ¿qué hace el futbolista desempleado? O ¿Qué pasa con la psiquis del desechado? La respuesta la encontramos acá

“Este martes 31 de mayo a las 10:30 horas se iniciaron las prácticas de los futbolistas sin contrato del Sindicato de Futbolistas Profesionales de Chile. A la jornada llegaron 20 jugadores que se encuentran en libertad de acción y están en la busca de una nueva opción laboral.

Las prácticas se desarrollaron en las canchas del Complejo La Araucana de la Florida y estuvieron a cargo del entrenador César Marín, su ayudante Marcos Muñoz y el preparador físico Luis Wilson”

Pude presenciar la situación en vivo. Puedo recordar la mayoría de los rostros que vi, muchachos jóvenes que han hecho del fútbol una profesión, es más, han hecho del fútbol una vida. Son ellos los que atentos al grito del preparador físico ensayan una y otra vez jugadas. Son ellos los que en cada entrenamiento ven la posibilidad de ser visto por algún club y volver a pisar los verdes prados del fútbol profesional

Todos reclaman cuando el Sifup llama a parar las actividades. Todos desconfiamos de los sindicatos por un chip insertado por el capitalismo y el individualismo. Pero el SIFUP, es una institución que por lo visto funciona bien.

El SIFUP les entrega a los jugadores balones de primer nivel, buzos, chaquetas y una instalación de primer nivel donde entrenar a los jugadores. El Sifup pone profesionales como preparadores físicos, kinesiólogos, utileros al servicio de los jugadores. En los camarines se les da desayuno.

Mi idea no es elevar a la categoría de Santa Institución al sindicato de jugadores profesionales, sólo les cuento lo que vi.

Cada jugador desafectado por un equipo, debe vivir en un limbo por un largo periodo. Un duro golpe para personas que trabajan con sus pies gestionando la felicidad de muchos hinchas. Un golpe fuerte al ego de un artista. La falta de oportunidades puede hacer mella en las emociones y sentimientos del jugador, la necesidad puede empujarlos a abandonar un sueño y vivir en la eterna agonía de quién trabaja en lo que no ama. No digo que los muchachos sean mejores que nosotros que trabajamos para comer, sólo que me parece demasiado cruel tener un canario enjaulado para deleitarme con su canto.

El SIFUP y sus profesionales les dan cosas materiales a los jugadores sin club. Pero les dan algo más, algo superior, algo que todos quisiéramos en nuestro momentos difíciles. El SIFUP entrega: Dignidad y una esperanza a quienes la han perdido producto del vaivén de una industria que funciona, muchas veces, como una moledora de carne.

Mauricio González Seguel. @gmauricio554


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