Fútbol, religión moderna…

Fútbol, religión moderna…

besando cancha

Fútbol, religión moderna

Siendo la FIFA el Vaticano de esta religión, ambas entidades cumplen una función similar, unificar al mundo, ser la vaselina social, crear santos y generar un vínculo entre ricos y pobres. “Teniendo como cruz lo más divino, el sublime balón.”

Con más feligreses que cualquier entidad religiosa, el fútbol desde su globalización está inserto en la vida del apasionado hincha. Con santos como Pelé, Maradona, Di Stéfano, por nombrar algunos, se lleva la palabra a los más apartados lugares del planeta. Le llamaré catedrales a los numerosos estadios que albergan grandes historias, y capillas a las canchitas de barrio donde solíamos jugar. De estas capillas nacen también los beatos jugadores como Messi, Sanchez y Cristiano, quienes día a día llevan la palabra por las catedrales mundiales de este redondo evangelio, para algún día hacerse un nombre y pertenecer al santoral en el que muy pocos habitan.

Al igual que en la iglesia desde que el dinero pasó a ser número uno en el podio de prioridades, comienza la era de mi ateísmo futbolero, ¿se imaginan a un sacerdote con la marca de una cerveza en su sotana?, ¿o misas por canales Premium?, el fútbol es para todos, ricos y pobres, hombres y mujeres, sin marcas ni dinero. El fútbol es fervor y alegría, con un grito de gol en lugar del amén.

La vocación ya no es lo que mueve a los jugadores modernos, más bien buscan un escape de la pobreza o un envión al éxito económico. Posteriormente esto los guía a preocuparse de cambiar el auto, tener la mejor novia o tener el look más remozado, en vez de preocuparse por mejorar el rechazo, el remate o la técnica. ¿Qué ocurre con todo esto?, veo a niños copiando peinados y zapatos en vez de imitar jugadas y gritos de gol. Esto me enerva, me aleja del credo del fútbol, me empuja a pensar que realmente esto se busca, y que esta religión es el negocio que se aprovecha de la fe y pasión del incondicional fanático.

El fútbol (este circo romano moderno), además de esplendido negocio, ha pasado a ser una cortina de humo, un mecanismo de control social. Acá esta la mayor semejanza a la religión, el balón pie también es un inmejorable “mecanismo de control social”. Es de ingenuos pensar que la copa del mundo, ese mediático evento que cada cuatro años nos regala un escenario ilusorio de 30 días de fútbol no sirve a los poderes fácticos. No tengo duda alguna, que al igual que otros eventos de similares dimensiones, funciona como distractor de masas tal como lo hace la iglesia con sus encuentros intercontinentales de jóvenes o visitas papales por ejemplo. Para hacer un poco de historia y dar una prueba a lo que digo, en 1978 Argentina hace un mundial en plena dictadura militar, intentando limpiar la imagen de su sangrienta guerra sucia. También en la fascista Italia de 1934, donde se pretendía disciplinar y mantener controlada a una clase obrera extremadamente rebelde. Retomando el presente, durante el último mundial me di cuenta que el conflicto de la franja de Gaza o los difíciles días en Ucrania pasaron a segundo plano y casi ni se aludieron en los medios. De esto hablo, distracción fundamental para el pueblo, la vaselina ideal de gobiernos, poderes y entidades en necesarios momentos.

En esta devoción futbolera popular, también hallamos obispos, sacerdotes, cardenales y creyentes que infectados de los inescrupulosos empresarios, manager y marcas, se aprovechan de esta doctrina futbolera para buscar sus propios provechos y sacar ventajas. Pero se olvidan de la pelotita y sus leales adeptos. Quienes lo único que buscamos es volver a disfrutar de la gambeta, el toque y las cachañas. Ver nuevamente un espectáculo sin lucro, conveniencia, interés, comisión ni aprovechamientos. Solo pedimos volver a disfrutar el paraíso de suelo verde, con los ángeles futbolistas derrochando ilusión a los aficionados amantes de la maravillosa religión del crucifijo redondo.

Juan Oscar Saldaña


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