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Cristóbal Barrios

Si no juego, no voy

Publicado a las

3:16 PM

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fabian orellana

Fabián Orellana

La semana que pasó hablaron Fabián Orellana y Pedro Pablo Hernández acerca de su auto-marginación de la pre-nómina de 30 jugadores para la Selección Nacional, en vistas de la Copa América 2015. ¿Las razones? Según lo que publicó El Histórico a través de las redes sociales, se debería a que le cuerpo técnico le informó que ya tenía a los 23 elegidos y que se le convocaba para entrenar y para estar eventualmente para una emergencia. Hernández también indicó razones similares. Su respuesta suena bastante coherente en términos profesionales. Me imagino que ambos jugadores se quedarán entrenando en su club y así sumando confianza a su cuerpo técnico. De lo contrario, lo leería como un hincha más que cree que en la Selección hay que estar porque todos quieren estar independiente de las razones que dé o no el cuerpo técnico. El cupo se puede ganar entrenando y doblegar aquello es parte de los lindos desafíos que debe tener la vida del futbolista.

Mientras pensaba en esta noticia, llegó el día martes. Un equipo de los cuales participo esporádicamente, y que está conformado por amigos de la vida, la universidad y el trabajo, me invitaron a participar de un encuentro correspondiente a la fase final del campeonato. Es en este tipo de partidos en donde las convocatorias siempre están casi completas, en donde gran cantidad de los equipos tienen cambios y en donde todos quieren jugar y ganar a rivales con los cuales ya se habían topado en primera fase, sobre todo cuando los resultados no acompañaron. Ahí empiezan los primeros dilemas entre que jueguen todos o sacrificamos para ganar. El objetivo es común y claro. Ni si quiera hubo necesidad de discutir aquella decisión. Víctor, un compañero de oficina, fue al sacrificio. Se vistió, pero no jugó. Respetó la idea del equipo y comulgó con la camiseta puesta hasta el final con aquella directriz. Para mí, un tremendísimo gesto de querer estar ahí de todas maneras. No hubo malas caras, ni reclamos, en instancias donde todos quieren jugar. Víctor tuvo una actitud notable, la cual todos nos encargamos de aplaudir una vez finalizado el partido.

Pedro Pablo Hernández

Pedro Pablo Hernández

Orellana y Hernández están muy lejos de lo que mi compañero dictó el martes. Ambos jugadores prefirieron marginarse al no tener asegurado el cupo. Podría interpretar que también hay un mal manejo comunicacional del cuerpo técnico, pero también entiendo que parte de sacar lo mejor de uno está dada cuando las exigencias y desafíos son aún mayores. A la Selección no le sobran jugadores y al final del día, todos suman. Hernández, el argentino nacionalizado a quién Jorge Sampaoli le abrió las puertas de poder jugar en una Selección de fútbol, también le cerró las puertas.

Para mí, ambos jugadores deberían haber estado presentes y en cada entrenamiento tendrían que haberle demostrado al técnico que su lista de los 23 convocados aún no estaba tan segura como quizás lo comunicaron. El fútbol es de momentos, de detalles, de virtudes, pero también de sacrificio y esfuerzo. Si no se entiende así, mejor preguntémosle a Iván Zamorano, quien siendo calificado por Jorge Valdano como una de sus últimas opciones terminó siendo figura y el Pichichi de la Liga Española. Orellana y Hernández, el acto que acaban de realizar la semana que recién pasó es un muy mal ejemplo. ¿Cuántos jugadores hubiesen querido estar en la Selección y ustedes se han dado el lujo de cerrar las puertas a una pre-nómina? Para mí, que no vuelvan más. Chile necesita más Víctores y menos Fabianes y Pedros Pablos.

Cristóbal Barrios @cbarriossantos


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Cristóbal Barrios

Una historia para contar

Publicado a las

8:03 AM

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Felipe B.

Chile vs. Argentina

Chile vs. Argentina

La Copa América finalizó y por fin Chile pudo gritar campeón. La Selección mostró un fútbol moderno, de presión, de posesión y de efectividad goleadora, algo a lo que no estábamos acostumbrados pero que pareciera ser cada vez más natural en el juego de Chile. Atrás quedaron los triunfos morales o aquella mentalidad en donde la derrota parecía ser tan latente que terminaba convenciéndonos de aquello. El jugador chileno cambió, juega de igual manera ante la adversidad. Pareciera que hay algo más que el fútbol que los tiene parados, que nadie quiere salir, que todos quieren estar.

El día sábado despertamos temprano. Fuimos a buscar a nuestros amigos que venían de Buenos Aires y que venían exclusivamente al estadio. Los recibimos con algunos vinos y empanadas, para que la hostilidad se sintiera hasta en la comida. Nadie escondía los nervios durante las horas previas al partido. Tener prendido el televisor no ayudó de mucho, ya que la ansiedad de cada comensal comenzó a aumentar de gran manera. El recuerdo de Orellana se hacía cada vez más latente. ¿Cómo ganarle a Argentina? nos preguntábamos todos a la hora de almuerzo. Nadie se atrevía a jugársela con un resultado. El pensamiento era común: el partido iba a estar muy parejo por lo que ha demostrado Chile y por lo que significan los jugadores que tiene la albiceleste.

No compré el abono a la Copa América. Hubo ciertas circunstancias que me llevaron a tomar aquella decisión. Chile contra Ecuador lo vi en casa junto a mi señora, mi cuñada y la Coté. Tuve entradas para ese partido pero se las regalé a Diego (mi hermano que estaba pronto a cumplir 13 años) para que fuera al estadio con mi hermano Tomás. El pequeño recién está formando su historia futbolística, y ese recuerdo será un precedente para lo que vea en adelante. Para el partido de Chile contra México estuve en una comida donde el tema pasó a segundo plano, pues el partido siempre fue más importante, por lo que nos conseguimos en el instante un data para poder verlo. Chile contra Bolivia lo vimos en la casa de mis padres, luego de una triste noticia en un día de reflexión. La madre de la Suli había decidido partir ese día en la mañana, pero Chile nos regalaba algo de alegría con un partido casi perfecto. Chile contra Uruguay lo vi con Diego. Los dos en el departamento, mientras mi padre estaba en el estadio. Para Chile contra Perú, Yuyú con Nico nos invitaron a su departamento, donde una pequeña Magdalena nos recibía con una camiseta que al parecer se transformó en una cábala. Sólo quedaba la final. Llegó mi cuñada, mis suegros y dos grandes amigos que venían llegando de un viaje en el extranjero, David y la Coté (la misma que también llegó para el partido inaugural de la Copa). Durante un mes el fútbol se transformó en un punto común de reunión, de compartir y de sentir todos una alegría cuando algún tiro se transformaba en gol.

Se acercaban las cinco de la tarde. Todos comentábamos la inclusión del Gato Silva de central por derecha, moviendo a Gary a central por izquierda. La inclusión de Beausejour como lateral izquierdo. Jugadores que pocos minutos tuvieron en la Copa pero que terminaron siendo titulares en la final del torneo. Nadie cuestionó las decisiones al cuerpo técnico. Ellos más que nadie parecían que tenían la fórmula para sacar esto adelante. La confianza en ellos parecía ser absoluta. El grupo se vio más unido que nunca, y al parecer el discurso del amor por los colores y el amateurismo parecía haber hecho efecto. La herida del mundial estaba latente y este grupo tenía que tomarse la revancha en casa. Nos pusimos en posición para ver el partido. Un primer tiempo trabado en donde Messi fue anulado por Charles Aránguiz y por Gary Medel, a mi juicio los dos mejores jugadores de la Selección en esta Copa. Sufrimos con el cabezazo de Agüero y de alguna manera vi que Vargas agarraba bien una pelota que finalmente mandó a las nubes. El empate parecía ser lo más justo. Carcuro se quejó del arbitraje como lo hacíamos hace diez o quince años atrás. Para mí el colombiano no tuvo nada que ver en el partido. El triunfo estaba ahí, en la puerta del horno. Sólo había que hacer el gol. Terminando el primer tiempo sólo pensé que el que hacía el gol, cerraba el partido. Muy difícil iba a ser poder tener un resultado más abultado que un 1-0. Mientras rellenábamos algunos vasos, que a esas alturas ya se encontraban vacíos, los equipos vuelven a la cancha. Todo el tiempo parecía pasar muy rápido. La lectura del entretiempo iba a ser fundamental y probablemente el equipo que lo hiciera mejor se quedaría con el triunfo. Al menos eso comentábamos. Chile salió más agresivo, parecía que tenía más ganas, más piernas, más corazón y más empuje. Vi a muchos jugadores argentinos que parecía no tuvieran ganas o como dijo alguna vez Sergio Markarián raramente nerviosos.

Es en ese entonces cuando hay una jugada que se transforma en un punto de inflexión en la jornada. Alexis Sánchez agarra una pelota de volea en el minuto 80 que pasa muy cerca del palo derecho del arco sur defendido por Romero. A esas alturas, los nervios, la emoción nos jugaba a todos en contra. Los gritos habían ido en aumento y no queríamos que la fiesta la bailaran otros en nuestra casa. Es en esa misma jugada cuando en un accidente mi señora se corta el párpado. Por primera vez dejé de ver un partido de definición. Fui a la farmacia corriendo por la mitad de Pedro de Valdivia. No había nadie en la calle, nadie. Sólo escuchaba los gritos de la gente recriminando acciones que en ese minuto sólo podía imaginar. Nunca había estado en la calle para un partido con tanta convocatoria. Volví al departamento y luego de tratar de sanar y cerrar la herida (sin éxito) envié mensajes a algunos amigos, quienes me recomendaron ir a la clínica. La Selección había pasado a otro plano, pero podíamos sentir lo que se había provocado en el ambiente. Nos subimos a un taxi cuando el partido estaba en el segundo tiempo del alargue. Mientras íbamos camino a la clínica le pedíamos al taxista que subiera la radio, que todos queríamos escuchar qué iba a pasar, que Chile iba a hacer historia. Escuchamos que Matías Fernández había tirado un tremendo penal mientras ingresábamos a la Costanera Norte, que Messi había convertido de buena manera, que Romero toca el penal convertido por Vidal, que Higuaín la manda a las nubes, que Aránguiz (como es ya casi una costumbre) convertía con gran técnica, que Bravo le había atajado el penal a Banega y que Alexis Sánchez tenía que definir la tanda. Es en ese minuto cuando llegamos a la clínica. Justo había un televisor en los estacionamientos. El taxista dejó el auto botado y se bajó con nosotros, en la mitad de Manquehue Norte. Alexis convertía, la Copa se quedaba en casa y la alegría de miles de personas ya se empezaba a notar en todos lados.

Esta generación de futbolistas ya es histórica. Gracias Bielsa por haber cambiado la mentalidad. Gracias Sampaoli por consolidar un trabajo de años para llevarnos a esto. Gracias jugadores. Gracias trabajadores de la Federación, de esos que no se ven. Gracias al hincha de la Selección que tanto critiqué, porque el sábado sí estuvo y sí se hizo sentir. Gracias fútbol. Gracias a las enfermeras, a los taxistas, al tipo de la farmacia y a todos aquellos que no vieron el partido junto a sus seres queridos, pero que estuvieron ahí viendo cómo se iba escribiendo la historia. A pesar de lo que pasó, yo sí estuve en todo momento con parte de los que más quiero. Dos grandes amigos nos acompañaron hasta el final en esta aventura. Estuvieron hasta las últimas con nosotros sabiendo que no es la misma emoción ver los penales repetidos una y otra vez cuando ya sabes el resultado. Gracias también a David y a la Coté.

Pero estas son cosas que pasan y justo ese día nos ocurrió a nosotros. Andrea, mi señora, era la más triste por haberse perdido la emoción del momento. Hasta el día de hoy me comenta que no puede creer que nos hayamos perdido aquel momento. La entiendo profundamente, es parte del fútbol. Yo no salté, no lloré, pero sentí una alegría en lo profundo por el fútbol chileno y sé que los que estábamos ahí también. Sólo debo advertir que cuando nuestros hijos nos pregunten dónde estábamos para este momento histórico, su papá no les va a mentir. Amor, el fútbol nos dará una revancha y más temprano que tarde, volveremos a gritar Chile campeón.

Cristóbal Barrios @cbarriossantos


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Cristóbal Barrios

Esto es fútbol y nada más

Publicado a las

2:14 PM

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Felipe B.

Chile vs. Argentina

Chile vs. Argentina

El año pasado tuve la oportunidad de viajar dos veces a Buenos Aires con la mujer que hoy es mi señora. Dos tremendos viajes donde conocí a una pareja de amigos: Patito y la Cata. La chilena se enamoró y partió al país trasandino radicándose en la ciudad de Buenos Aires. Hemos compartido grandes asados y celebraciones. El fútbol siempre ha sido un gran tema de conversación. Pato es fanático de River Plate y en la segunda oportunidad que viajamos le llevé la camiseta de mi club de regalo para así evangelizar también a los hermanos Argentinos.

En el transcurso de la Copa, me he podido comunicar con él para comentar los partidos de Argentina y los de Chile. Analizamos un poco de fútbol y otro tanto de tonteras que rodean al deporte y que sobre todo han estado presentes en las últimas instancias del torneo.

El martes en la noche cenamos con mi señora viendo el partido de Argentina y Paraguay. Mientras cocinábamos, escuchábamos los goles que la Selección Argentina parecía haber tenido guardadas para estas últimas instancias. Cuando a mi me preguntan ¿qué equipo preferías en la final? Para mí es una respuesta irrelevante. Si un equipo quiere ser campeón tiene que ganarle a todos y a todo. Sin embargo, esta vez y por mis amigos argentinos, prefería que la final fuese contra ellos. Una vez finalizado el partido, nos comunicamos con Buenos Aires para el análisis y las felicitaciones correspondientes. Patito y la Cata estaban coordinando el viaje a Chile, pues su pasión por el fútbol los ha llevado a tomar la decisión a estar en Santiago para la final de la Copa. Patito nos dice que tiene entradas para la final y que si es necesario se viene corriendo a Santiago para estar presente. Pareciera que viven el fútbol de manera distinta, con una intensidad que no se entiende.

Mientras conversábamos con ellos, me era imposible no poder reflexionar por qué esta Copa América no se ha vivido en un ambiente de hermandad y de sana competencia. Por qué pareciera que todos están en nuestra contra. Por qué los uruguayos siguen reclamando por una expulsión en donde, si nos ajustamos al reglamento, está bien aplicada (hay que recordar que la primera amarilla a Cavani es por increpar al juez de línea y en el episodio con Jara no es amonestado con roja directa) Los amigos uruguayos se han encargado de posicionar un tema inexistente de arreglos para tapar el mal fútbol que vinieron a presentar. Siendo los campeones defensores dejaron mucho que desear en el espectáculo que brindaron. Chevantón, Suárez, Godín y Lugano se han encargado de aumentar un disgusto contra Chile a través de las redes sociales. Claro, siempre va a ser más fácil echarle la culpa al árbitro o al de al lado que asumir los errores.

Pareciera, una vez más, que el jugador de fútbol no tiene conciencia alguna de lo que provocan en una sociedad pobre de intelecto y que pareciera cada día le da más flojera pensar. Me ha parecido una actitud sumamente descuadrada ante lo ocurrido. Yo me acuerdo también de la patada de Paolo Montero frente a Fernando Cornejo o de lo que ocurrió en el túnel del Centenario en las eliminatorias de Alemania 2006. Volver atrás no tiene ningún sentido si lo que nos interesa es poder avanzar. Lo que hizo Jara claro que merecía castigo y así fue. Ese tipo de actitud antideportiva también hay que erradicar del fútbol. Luego de aquello, la Federación de Chile también reclama por la suspensión de siete jugadores uruguayos. ¿Para qué? ¿Para seguir peleando un gallito a estas alturas irrelevante? Los que hemos entrado a una cancha a jugar, tenemos que saber que mientras dura el juego se dicen muchas cosas dentro de la cancha. Sin embargo, al finalizar el partido hay que ser capaz de poder ir a despedirse del rival y felicitar su actuación. ¿Es tan difícil? ¿Estamos inmersos en una batalla campal en donde los argumentos son yo tengo quince copas y tú ninguna? Eso es vivir de la historia. Un país sin memoria es un país sin historia, pero en el fútbol también es necesario poder vivir del presente.

La Copa América se ha transformado en lo que pareciera una guerra. Los problemas políticos, sociales y culturales pareciera que también juegan. Lamentablemente si los propios actores no son capaces de interpretar la gran influencia que generan en grupos de masas, está muy difícil poder salir de aquello. Sería mucho más fácil si pudiésemos reconocer el gran campeonato de los peruanos y de los bolivianos, quienes dieron una pincelada de lo que será una clasificatoria muy pareja para el mundial de Rusia 2018. Pero no, nos centramos en ensuciar la Copa, en que está todo arreglado, en que Neymar fue mal castigado, en que Jara merecía una sanción de por vida, que los uruguayos han pegado toda la vida por lo que no tienen derecho a alegar o en que Vidal debería haber sido excluido luego del choque que protagonizó en su Ferrari. Lo único cuerdo se lo leí a Mascherano quien indicó “tengamos en cuenta que esto es deporte, hay que ser un ejemplo para los chicos”.

A Pato y Cata recibiremos en nuestro hogar y les daremos la hospitalidad que ellos siempre nos han brindado en un país hermano. Somos todos americanos y no por eso enemigos, sino que al contrario países de cooperación en todo sentido. El fútbol nos puede separar pero no al punto que lo ha hecho esta Copa. Por favor que los jugadores y los hinchas no la sigan ensuciando y que los dirigidos por Sampaoli puedan asimilar la instancia y la importancia del partido que disputarán el día sábado. Chile parece que está cada vez más cerca de alejar los triunfos morales. Las posibilidades están cada vez más cerca de que la Copa se quede en casa.

Cristóbal Barrios @cbarriossantos


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Cristóbal Barrios

Ángelo

Publicado a las

3:41 PM

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Felipe B.

angelo henriquez

Angelo Henríquez

Una vez ya terminado el campeonato nacional, las ligas extranjeras siguen disputándose. La verdad es que nunca me he considerado un seguidor del fútbol en el extranjero. No concibo que los niños anden con camisetas del Barcelona o el Real Madrid y no anden con los equipos de su barrio. Esa pérdida de identidad es la consecuencia de la comercialización del fútbol y la que le ha restado competitividad a nuestra competición.

En adelante, lo más cercano que tenemos para nuestro fútbol son los partidos que se disputan en la Liguilla, la Super Copa y la anhelada Copa América que se disputará en el mes de junio en nuestro país. Chile viene de disputar un gran mundial en donde quedamos eliminados con los dueños de casa en una tanda de penales que nos tuvo a todos infartados. Minutos atrás Pinilla nos había regalado una ilusión que duró un par de segundos cuando esa pelota estrella en el travesaño del pórtico de Julio César, la octava maravilla del mundo tal como la catalogaba un compañero de curso de colegio. Sin dudas que hay un renacer generacional que comenzó con aquella generación de Canadá 2007. Lo preocupante, es el recambio.

La semana que recién pasó, nos enteremos que Estaban Efraín Paredes sufrió una lesión que lo mantendrá fuera de las canchas y de nuestra Selección. Eso le abrió la posibilidad a Ángelo Henríquez quien está citado en primar instancia para la Copa América. Esta noticia me alegra muchísimo. Por fin podremos ver a un jugador joven para que se vaya fogeando en el equipo que representa a nuestro país. Sampaoli parece haber dejado sus caprichos y por fin se decidió a citar al joven nacido en la Universidad de Chile. Discutiendo con un compañero de oficina, nos preguntábamos ¿qué pasaba con nuestros nueve? Si Esteban Paredes y Gustavo Canales eran los delanteros más peligrosos de nuestra liga, sabiendo que ambos vienen en la recta final de su carrera, nos daba a entender que algo pasaba con nuestro fútbol y con nuestros delanteros. Tenemos a dos grandes jugadores que pueden jugar por las puntas como Alexis Sánchez y Eduardo Vargas, pero no tenemos un referente de área. Por lo mismo, me alegra que Henríquez hoy tenga la posibilidad de participar en el equipo de todos.

El primer partido que me acuerdo de Angelo Henríquez fue cuando la U jugó contra Godoy Cruz en el Estadio Santa Laura. Ingresó en el transcurso del segundo tiempo y logró anotar en una noche en donde el equipo dirigido en ese entonces por Jorge Sampaoli goleó al equipo Mendocino. Desde ese partido pude observar que este jugador tenía capacidades distintas a los otros. Sin embargo, no había que ilusionarse mucho en ver los goles en la Liga Nacional. El negocio de la U con el Manchester lo había cerrado mucho antes sin saber lo que ocurriría con este jugador. Tal como ha sido la tónica del fútbol chileno en los últimos años, Henríquez fue vendido al United siendo muy joven y cuando recién aparecía en el fútbol chileno tuvo que viajar a Inglaterra para ser parte de su nuevo club.

Posterior a eso jugó en España y en estos momentos se desempeñaen Croacia, en donde comparte camarín con otro chileno, Junior Fernández, y en donde se ha destapado mostrando su artillería y todo el potencial que tiene por delante.

Sampaoli pareciera haber tenido un capricho con Henríquez desde que estaba en la U. Según lo que se cuenta, el técnico no estuvo muy conforme con la salida del equipo azul, debido a que principalmente no tuvo como reemplazar aquella pieza en el equipo. Henríquez parecía ser la carta de gol que venía a suplir a Gustavo Canales quien de un día a otro se mudó a China para asegurar su fututo y el de su familia.

Espero que en esta Copa América Henríquez tenga una oportunidad. Que Ángelo se destape y agarre una camiseta de titular y que ésta permita demostrar todas sus cualidades en la Copa y en una posterior clasificatoria para el Mundial de Rusia 2018. Que el Ángelo de lo goles haga su trabajo para todos los chilenos y que Jorge Sampaoli saque de su mente rencillas anteriores y le dé esa renovación que tanto necesitamos en un puesto en donde tanta falta nos hace un goleador.

Cristóbal Barrios @cbarriossantos


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