Al rojo vivo: Maquinaria instalada y encendida

Al rojo vivo: Maquinaria instalada y encendida

Ganar la Copa América no significa haber alcanzado la meta, significa haber entrado recién a la carrera. Con la obtención de este primer título a nivel de selección, Chile hace su ingreso a las grandes ligas del fútbol internacional. Es imposible que te respeten si tienes vacías las vitrinas. Para un pueblo asolado por las inclemencias sociales y de la naturaleza, la copa se transformó en una catarsis colectiva y una demostración de que si era posible. Pero pasada esa efervescencia maravillosa, Chile debe ser capaz de sostenerse en el éxito, por lo menos en la disputa de cada campeonato, para así no perder jerarquía y conservar un espíritu ganador de consistencia a veces tan frágil. Es verdad que suena fácil y el fútbol y la vida son cíclicos, y como la Selección Argentina, a veces pasas dos décadas sin ganar. La cuestión es posicionarse para no salir, en puestos de avanzada, y si por circunstancias del juego te toca perder, es importante estar en el podio. Para cumplir este desafío los equipos de fútbol deben construir una estructura que no dependa de los flujos del mercado ni de las modas estilísticas. El mayor ejemplo que encontramos en el mundo es el del Barcelona con su famosa Masía y una forma de jugar ajena a las oscilaciones coyunturales.
Además de ganar la copa, esta generación de jugadores construyó un panteón de ídolos a los que generaciones posteriores de niños imitara. Milagrosamente, Vidal, Sánchez, Aránguiz, Medel y los demás, brotaron de esta tierra infértil, cuestión que no se puede seguir dejando al azar. De partida, la etapa formativa de futbolistas en este país debe profesionalizarse al punto de controlar cada aspecto de la vida de un potencial futbolista. Si en Messi, por ejemplo, no hubiesen tomado en cuenta el ámbito de la salud, inyectándole hormonas de crecimiento, “la pulga” ahora sería un ácaro más en el ambiente. El DT es otro personaje del cuento con una relevancia absoluta. Ahora que han encontrado una identidad futbolística como selección (alabada y temida por todos), con un tipo de juego protagonista los 90 minutos, de posesión de balón, de fuerte pressing y muy vertical ¿sería sensato pensar en modificarlo? ¿no sería mejor profundizar esta estructura y sacralizarla en el tiempo?
Lo más difícil que hizo esta selección en estos últimos años no fue llegar al top ten de la FIFA, ganarles a España, Argentina o ganar la Copa América, sino que fabricar una identidad donde los jugadores se sienten cómodos, obtienen resultados y los espectadores nos vemos identificados y cautivados por lo aguerrido y divertido de la propuesta. Por si fuera poco, en todo el mundo Chile está representando una expresión futbolística compleja de superar. “Es una tortura jugar con Chile” “El poderoso juego de Chile” titulan algunos de los más importantes diarios de Europa. Lo interesante es que ya se superó el primer escollo y tras Bielsa, Chile tuvo esa añorada continuidad con Sampaoli. Lo que ahora convierte a la Roja en más que una moda pasajera o un hype del fútbol internacional. Chile se redescubrió y reinventó, ojala para siempre. Y lo más increíble de este fenómeno, es que para continuar fortaleciendo este sistema que tantos buenos resultados ha dado, no debemos basarnos en el optimismo de que nuevos Alexis surgirán, ya que una base ordenada y lineamientos coherentes como los que existen, están por sobre las piezas. La maquinaria está andando, el asunto es no desenchufarla.


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